By |Categories: Mascotas|Last Updated: 29/01/2026|

Hay un momento en el que un comportamiento deja de ser “una maña” y se convierte en un problema real de convivencia. Cuando un perro gruñe, muerde, destruye, reacciona de forma exagerada o no responde a ningún límite, la situación deja de ser incómoda y pasa a ser preocupante.

La modificación de conductas no deseadas no consiste en corregir superficialmente al perro ni en aplicar soluciones rápidas. Es un proceso técnico que requiere evaluación, control, estructura y consistencia, especialmente cuando el comportamiento ya está establecido.

Qué se considera una conducta no deseada (y por qué no aparece de la nada)

Las conductas no deseadas son comportamientos que afectan la seguridad, la convivencia o el control del perro en su entorno. Entre las más frecuentes se encuentran:

  • agresividad hacia personas u otros perros

  • reactividad en la calle

  • posesividad con objetos o comida

  • ladridos compulsivos

  • destrucción constante

  • falta total de obediencia bajo estímulos

Estas conductas no surgen al azar. En la mayoría de los casos son el resultado de:

  • falta de límites claros

  • mala socialización

  • experiencias negativas no trabajadas

  • refuerzos incorrectos

  • ausencia de estructura

Un error común es pensar que el perro “lo hace a propósito”. En realidad, el perro aprendió que ese comportamiento le funciona para obtener control, distancia, atención o descarga emocional.

Por qué las correcciones improvisadas suelen empeorar el problema

Cuando aparece una conducta no deseada, muchos tutores reaccionan de forma impulsiva: gritos, castigos físicos, encierros o intentos aislados de entrenamiento sin guía profesional.
Estas respuestas suelen agravar el problema, porque:

  • aumentan el nivel de estrés del perro

  • refuerzan la conducta por miedo o frustración

  • rompen la comunicación humano–perro

  • eliminan señales previas y dejan solo la reacción

Un perro que aprende a reprimir señales de incomodidad puede volverse más impredecible y peligroso.

La modificación conductual no busca apagar el síntoma, sino reprogramar la respuesta del perro frente a los estímulos que detonan la conducta.

Cómo funciona un proceso real de modificación conductual

La modificación de conductas no deseadas es un proceso estructurado que se apoya en tres pilares fundamentales:

1. Evaluación precisa del comportamiento

Antes de intervenir, es indispensable entender:

  • cuándo aparece la conducta

  • qué la detona

  • qué gana el perro con ella

  • en qué contextos se repite

Sin diagnóstico, no hay solución real.

2. Control y manejo del entorno

Muchos comportamientos persisten porque el entorno los permite. Parte del proceso consiste en controlar estímulos, establecer rutinas claras y reducir situaciones que refuercen el problema mientras se trabaja la conducta.

3. Reentrenamiento del perro y del tutor

La modificación conductual no se limita al perro. El tutor aprende:

  • a leer señales

  • a intervenir correctamente

  • a mantener límites claros

  • a reforzar conductas funcionales

El objetivo no es solo corregir, sino prevenir recaídas.

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